viernes, 27 de abril de 2012
Una extraña sensación sintió por dentro,
sin lamentos, sin rencores, ni tormentos,
como un verso acariciando un hemisferio,
como un bolero
que al bailarlo acaricia los cuerpos,
como un bohemio
que ya viejo busca un pueblo…
Se despertó, abrió los ojos, miró al cielo,
olvidó el rezo y se empeñó
en un no me acuerdo.
Tiro su cruz, calmó sus nervios
de mujer entera,
se completó, se dividió y se dio consejos.
Y armó sus huesos , su piel,
y sus complejos,
los resumió hasta que murieron.
Y se fue a buscar sus sueños,
por el sendero que lleva
hasta el puerto los anhelos.
Un lejano pueblo tranquilo
rodeado por altos cerros
y bordeado por el mar de los recuerdos
y por allí anduvo,
hasta que años conquistó,
viviendo en serio.
Y dio el amor tan presentido
en el principio de estos versos,
y amó sin miedos.
¡Y se dio en peso a corazón desnudo en besos,
y firmamento a cielo abierto!
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