una bruma
que abraza,
como lo haría una señal
en tiempos de adiós.
Una desnudez que anda
y mira el amor
donde nace
la extendida soledad
y otras huellas
que se baten en retirada,
como es la rosa que nace
y deja caer su cruz
sobre tu pecho.
Una luz de piedra,
que se apaga,
que duele,
de amaneceres lentos
vacíos de todo
y no sirven de nada...

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