Si fueras el mar
sus playas,
la arena
y corrieran arroyos
de reposo en tu piel.
Y este tiempo
que es nuestro
en las profundidades,
te trate como te trate
y todo vuelva a nacer
en todo,
y te toque el alma
con brisa en las manos.
Si él fuera el mar
y el agua que baja de la montaña,
la vida y el olvido,
cuantas veces lo besaría.
Y nos tocaran el rostro
con sus alas los colibríes,
donde la suavidad,
nos devuelva el canto
a lo lejos,
también le cantaría,
a él, que sana mis heridas.
Hoy la tristeza
es mi seda
y el cuerpo
un vestigio de la batalla
entre sus labios
y los mios...

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