Se vistió con el azul del mar,
arreglo su cabellera con las estrellas,
el roció del alba acaricio su rostro,
como la brisa acaricia
la danza de las hojas nuevas.
El tiempo transcurre en sus manos,
como escurriendose de los silencios,
el relámpago que ilumina la luna
guardo los temores,
que perseguían
su destino incierto.
Se vistió con el azul del cielo
y abrazo sus recuerdos,
redimieron las heridas de su alma
como si fuera propio de un nacimiento,
sus manos se tornaron suelo
para olvidar en si, su destierro.
En donde la esperanza se torna
todo y nada,
y lo sueños pasan inavertidos
descanso serena
en el remanso del consuelo.

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