Mirando tu espalda ser un mar,
una frágil columna de la tierra,
una fértil semilla,
una mirada blanca al sur,
aquí estoy,
dándote la bienvenida soledad,
y siendo este febrero
que regresa.
Mirando la casa vacía
y asomándome a tu alma,
deseo el agua como fuego
en las mañanas en las que te deseo.
Me acurdo que ponías las piedras
en lineas para verme
y eras el mismo
en el paso del agua,
tan puro,
tan frágil,
tan habitable.
Mirando que soy carne,
me adapto a mi cuerpo
en este costado,
en el que crece lo prohibido,
te guardo el cielo amor,
como el agua
guarda hoy tu recuerdo.

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