jueves, 1 de septiembre de 2011





El alba era su poesía        
la noche
su inmensidad y su refugio...
Su tierra, estaba intacta de fuegos,
mientras el tiempo
teje una sombra
y una aureola se vuelca sobre sus cabezas ...



Sus manos: un puente alto
donde caen las palabras,
solas, sin reservas,
llenas de caricias,
de besos robados,
de sentirse cerca ...

En el ocaso de una tarde,
en  un patio solitario,
ellos unen sus rezos, colgados de las ventanas,
trensando el deseo,
en los ojos de este septiembre …

Tocando su piel,
en un mundo de aire de luz ...
Ella sigue durmiendo tranquila,
desnuda en su mar
serena en su pelo …







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