jueves, 10 de mayo de 2012

He perdido un pedacito de un travieso poema.

Por si alguien lo encuentra: huela a pan y canela, 
es muy blando y deforme como el barro o la niebla,
tiene grandes ojeras.
Es muy terco, no respeta las reglas,
no le importa el verano, no se arrodilla o reza.

He perdido un pedacito de un pequeño poema,

la parte donde habla de
la técnica cierta para armar primaveras,
y explicaba los caminos
que ha de seguir quien quiera
escribir sin apuros las estrofas perfectas.

Creo que lo puse a secar en la ventana
y una ráfaga impune de locuras,
lo alejó de mi senda,
lo elevó hacia la nada,
lo convirtió en estrella


Aguarda aun a quien camine muy lento,
porque nadie le espera,
tan borracho de versos,
que se atreva, a elevarse para atrapar un sueño,
un pedazo de nube,
un silencio,
una idea,
o algún simple pedazo de papel que contenga
un recorte inservible de algunas viejas letras.


Un pedacito he perdido de un antiguo poema,
en él iba un suspiro recargado de huellas,
recuerdo que la tinta era de pez de arena,
que lo escribí una tarde tan larga como ciega.

Esperaba por un libro con portada de tierra
que convierta en destino lejanías y ausencias,
que se sepa el camino de unos pasos sin huellas,
por un libro, tan libre, como el sol y la ciencia.

Por si alguien lo encuentra: huela a pan y canela,
es muy blando y deforme como el barro o la niebla,
tiene grandes ojeras.
Es muy terco, no respeta las reglas.
No le importa el verano, no se arrodilla o reza.

He perdido un pedacito de vida en un poema.




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